Iter Translation, donde la calidad de servicio se convierte en nuestro factor diferencial

Como primera publicación en este blog de Iter Translation, me gustaría compartir una reflexión en primera persona a modo de introducción que dará paso a otras muchas sobre esta fantástica industria de la traducción. Y es que el mundo cambia a una velocidad de vértigo. La tecnología está en todas partes, en el modo en el que compramos, nos comunicamos o divertimos. No se puede traducir sin estar enamorado de los avances tecnológicos que hacen que esta maravillosa profesión sea competitiva y útil en esta era digital…pero no siempre he pensado así.

La evolución de mi concepto de la traducción

Como traductora de vocación, formación y corazón, formada inicialmente a principios de la década de los 90, mi concepción inicial de esta profesión era en cierto modo artística y bohemia. El traductor para mí era un ser solitario, de letras claro, y que vive feliz tecleando entre sus mil diccionarios (teniendo en cuenta que durante mis primeros 25 años de vida me creía una persona bastante tímida y arisca, la elección de profesión me pareció perfecta).

Podría dedicarme a describir paso a paso mi evolución en este mundo y los distintos puestos y funciones que he tenido la suerte de explorar tanto como autónoma como trabajando para distintas empresas (traducción, gestión de proyectos, desarrollo de negocio) y en los que he aprendido una barbaridad, pero mi vida profesional es normalita, a mí me encanta sí, pero no es nada del otro mundo ni especialmente impresionante en comparación con otras.

Hace ya más de 16 años que decidí dar el paso de crear Iter Translation. Un camino de casi 2 décadas que, por supuesto, no ha sido fácil pero que me ha permitido tener la suerte de toparme con gente extremadamente valiosa y con tantísimos conocimientos técnicos sobre este sector que creo que no ha habido día en el que no me hayan dejado boquiabierta. De algunos sigo aprendiendo a diario, de otros de vez en cuando si nuestros caminos se cruzan, que en este mundillo suele pasar, y a los demás les recuerdo con cariño por haber compartido conmigo sus tesoros.

Y es que, ya más cerca de la edad en que una mujer deja de anunciar que cumple años, por aquello de ser coqueta, miro hacia atrás, a los años 90, y me doy cuenta de cómo es mi día a día en Iter Translation. Un día a día no apto para tímidos ariscos de letras, ni para solitarios. Esa Marta de antaño tuvo que adaptarse o morir. Adaptarse a una profesión absolutamente técnica y tecnológica, rodeada, además de un gran equipo de expertos, de herramientas de traducción y tecnologías alucinantes que ni por asomo me hubiera imaginado hace años. Memorias de traducción, herramientas CAT, MT, TMS, CMS…y un sinfín de avances que me hacen trabajar en equipo y olvidar mi faceta “ermitaña” para colaborar no solo con mil y un traductores en todo el planeta, sino con ingenieros de L10n, diseñadores y desarrolladores….Y, por supuesto, en contacto constante con el cliente con el que comparto preocupaciones y estrés porque su manual de usuario, licitación o GUI estén listos en plazo y con el que celebro cada éxito de su empresa como si fuese de Iter Translation.

Y así espero poder pasarme otro par de décadas, aprendiendo todo lo que me queda por aprender de esta fantástica industria, quedándome boquiabierta con cada nueva tecnología y desvelándome un par de veces por semana para que a los clientes no les quiten el sueño sus traducciones…que para eso ya estamos el equipo de Iter Translation donde la calidad de servicio es nuestro factor diferencial.

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